Luar se encontraba encerrada en su cuarto desde el momento en que había sucedido todo, por más que Andrew le rogó desde el otro lado de la puerta que lo perdonara por el error que había cometido, ella no le contestó, ni siquiera para insultar por lo estupido que fue.
La pequeña Omega solo podía llorar, en su cabeza solo se repetían las palabras de su jefe.
– Eres más fácil de lo que creía Luar.
Aquellas palabras fueron como un puñal directo en su corazón, que a cada segundo que pasaba se enterr