El despacho de Kim estaba envuelto en un silencio tenso, roto solo por el sonido del reloj de pared y el suave zumbido de la computadora encendida.
Kai se encontraba sentado frente a él, revisando algunos documentos de la empresa, mientras Kim firmaba sin demasiado interés, habían pasado varios minutos en relativa calma cuando el alfa de ojos negros dejó caer la pluma de golpe, llevándose la mano al pecho con un gesto tan rápido como involuntario.
Kai levantó la mirada de inmediato.
— ¿Kim? — p