Luna no estuvo inconsciente por mucho tiempo. De repente, abrió los ojos, inhaló profundamente y despertó. Fue por su ira desbordada, un momento de desvío en la respiración.
Intentó moverse y se dio cuenta de que aún estaba en los brazos de Leandro, quien la sostenía mientras estaba sentado en el sofá.
—No te muevas, te has desmayado —dijo Leandro, levantándola ligeramente y sentándose recto.
Con una mano, tomó un bol de arroz cocido que había sobre la mesa y dijo suavemente: —Debes comer, de lo