—Te pregunto, ¿dónde va a vivir tu nueva esposa, Celia, después de casarse contigo? No querrás que yo viva bajo el mismo techo que ella, ¿verdad? ¡Te lo digo! ¡No lo pienses ni por un momento! ¡Nunca me voy a comprometer! ¡Ni aunque me mates! —Luna, sin saber de dónde sacó el valor, lo cuestionó con firmeza.
La habitación estaba a oscuras. En la penumbra, Leandro abrió los ojos de repente.
—Vaya, parece que todavía tienes energía de sobra —dijo, mostrando una expresión de impaciencia, y de un mo