Era la primera vez que él le preparaba algo de comer. Luna comía en silencio, sintiendo que su estómago se aliviaba y su fuerza se recuperaba un poco.
Leandro dejó sus palillos a medio comer y la observó de arriba abajo. No podía creer que ella no supiera cocinar; eso superaba su comprensión.
Había investigado sobre su pasado: provenía de un hogar de beneficencia en las afueras, había logrado entrar en una universidad de prestigio y, tras graduarse, se había casado con él, sin haber trabajado en