Sintiendo que él avanzaba un paso más, Luna realmente no quería eso. Después de una noche de descanso, apenas había recuperado algo de energía, y si continuaba así, solo podría quedarme en casa a descansar. Sus ojos brillaban con una luz acuosa, mientras sus manos se apoyaban en su pecho, impidiendo que se acercara más.
—No… —sacudió la cabeza con desesperación.
—Si no lo quieres, pídeme —dijo Leandro, haciendo que su manzana de Adán se moviera al hablar, con una sonrisa en los labios.
—Te lo su