(NARRADO POR KEELEN)
La noche en Houston era una mancha de luces de neón y sombras alargadas que se filtraban por las persianas de mi habitación. Yo estaba sentado en el borde de la cama, con las piernas colgando inútiles, sintiendo el hormigueo eléctrico de la cirugía como un recordatorio constante de mi debilidad. El silencio era denso, casi sólido, hasta que el estrépito de la puerta lo rompió.
Artemises entró arrastrando a Eira por la muñeca. No era un gesto violento, sino un acto de deses