(NARRADO POR KEELEN)
La noche en el hospital de Houston tenía un silencio denso, interrumpido solo por el zumbido de las máquinas y el eco lejano de algún carro de curaciones. Eran las tres de la mañana, la hora en que los remordimientos pesan más que el titanio. Me impulsé con los brazos, trasladándome de la cama a la silla de ruedas con una agilidad que me sorprendió a mí mismo. Mis piernas eran dos pesos muertos, pero mi voluntad estaba más viva que nunca.
Crucé el pasillo en sombras, esqui