(NARRADO POR KEELEN)
El Dr. Karalis entró en la habitación con una carpeta bajo el brazo y ese rostro profesionalmente inexpresivo que solo augura malas noticias. Artemises se puso de pie de inmediato, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño.
—Hemos revisado las últimas resonancias, Keelen —dijo el médico, acercándose a los pies de mi cama, esos pies que yo seguía viendo como objetos extraños que no me pertenecían—. La compresión en la zona lumbar fue más prolongada de lo que e