(NARRADO POR KEELEN)
El zumbido constante de los motores del Boeing 777 se sentía como un mantra en mis oídos. A diez mil metros de altura, el mundo parecía irreal, una mancha de nubes y oscuridad bajo nosotros. En la cabina de primera clase, la luz era tenue, diseñada para inducir un sueño que ninguno de los dos lograba alcanzar.
Eira estaba sentada a mi lado, con la mirada perdida en la pequeña pantalla frente a ella, aunque no estaba viendo la película. Su mano derecha jugueteaba nerviosame