(NARRADO POR KEELEN)
El gimnasio del hospital olía a caucho, desinfectante y sudor rancio. Era un lugar diseñado para la esperanza, pero a mí me parecía una cámara de tortura. Me habían trasladado en una silla de ruedas, esa maldita silla que ahora se sentía como una extensión de mi propia piel, una jaula de metal que me recordaba a cada segundo mi nueva estatura frente al mundo.
Artemises estaba allí, de pie junto a las barras paralelas, con los brazos cruzados y una expresión que intentaba s