(NARRADO POR KEELEN)
La luz de la mañana griega entró por las rendijas de las persianas, dibujando líneas de polvo dorado que bailaban sobre las sábanas revueltas. El aire de la habitación todavía conservaba el eco de la noche anterior, una mezcla de sudor, seda y una entrega que nos había dejado exhaustos pero, por primera vez, en paz.
Sentí unos dedos suaves recorriendo mi pecho, trazando las líneas de mis músculos y deteniéndose en las pequeñas cicatrices que el tiempo y los accidentes me h