(NARRADO POR EIRA)
El apartamento de Keelen en Atenas olía a tiempo detenido. Al cruzar el umbral, sentí que el aire se volvía más denso, cargado de partículas de polvo y de historias que se quedaron a medias cuando él huyó a Houston. Las estanterías seguían repletas de tomos sobre numismática y mapas de excavaciones que yo misma le había ayudado a clasificar en los días felices, antes de que el mundo se tiñera de gris.
Era extraño estar aquí. Por un lado, cada rincón me recordaba al hombre qu