(NARRADO POR KEELEN)
El hospital de Elogsui seguía sumido en ese silencio sepulcral, interrumpido solo por el pitido monótono del monitor. Artemises estaba sentado a mi lado, con el rostro hundido entre las manos, cuando su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesita de noche.
—Es ella —susurró mi suegro, mirándome con una mezcla de lástima y terror.
—Pon el altavoz —le pedí, con la voz apenas audible. Necesitaba escucharla. Necesitaba saber que mi mentira había funcionado, aunque me estuviera ma