(NARRADO POR KEELEN)
El blanco del techo me quemó los ojos antes de que pudiera abrirlos del todo. Lo primero que registré fue el olor a antiséptico y el pitido rítmico de una máquina que me recordaba que, por algún milagro, seguía vivo. Lo segundo fue la pesadez. Una pesadez aterradora que terminaba en mi cintura.
Intenté mover los dedos de los pies. Nada. Intenté flexionar las rodillas bajo las sábanas. El vacío absoluto.
—No lo intentes todavía, Keelen. Tienes mucha inflamación en la column