(NARRADO POR KEELEN)
El silencio que siguió a la huida de sus amigos no fue de paz, sino de una carga eléctrica que hacía que el aire pesara. Eira me miraba con los ojos encendidos, una mezcla de furia pura y ese deseo que siempre intentaba sepultar bajo su orgullo Novak.
—¡Eres un animal, Keelen! —me siseó, aunque su voz ya no tenía la firmeza de antes—. ¿Crees que puedes marcarme como si fuera una de tus estatuas? ¿Crees que por besarme delante de ellos vas a borrar que me dejaste sola?
—No bo