Mundo ficciónIniciar sesiónEstaba acostado en la cama, bocarriba, sintiendo la frialdad de las cintas de kinesiología que Marcus me había pegado en la espalda. Tenía las manos tras la nuca, mirando el ventilador de techo girar con una monotonía exasperante. "Cuarenta y ocho horas", me había dicho. "Abstinencia técnica", había sentenciado. Pero Marcus no vivía con una mujer que era la encarnación misma de Afrodita con un título







