El sol de Grecia amaneció más brillante que nunca, pero para mí, la calidez se había extinguido. Antes de que el grupo bajara al desayuno, tomé una decisión. Bajé a la recepción con paso firme, saqué mi tarjeta personal y, usando mis ahorros de los artículos que había publicado bajo mi seudónimo, pagué una habitación individual en la planta baja. Lejos de la suite presidencial. Lejos del rastro de sándalo y traición.
Cuando subí a recoger mis pocas pertenencias de la habitación de las chicas, m