El vuelo de regreso a Elogsui fue una tumba de aire presurizado. Keelen intentó sentarse a mi lado, pero me moví con una rapidez gélida hacia la fila de atrás con Sira, dejándolo con la palabra en la boca frente a todos los estudiantes. Pasé las horas con los auriculares puestos, escribiendo en mi libreta frases que quemaban, ignorando las miradas furtivas que él me lanzaba por el pasillo del avión.
Cuando aterrizamos, el frío de la ciudad nos recibió como una bofetada de realidad. Caminamos po