Mundo ficciónIniciar sesiónEl apartamento de Kolonaki nunca se había sentido tan grande, ni tan vacío. El silencio no era paz; era un zumbido constante que me recordaba cada palabra que Eira me había dicho antes de marcharse a casa de sus padres. Me serví un vaso de whisky, el segundo de la noche, y me senté en el suelo del salón, justo frente al ventanal que daba a una Atenas iluminada, pero







