Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire de la tarde en Atenas pesaba, cargado del polen de la primavera y del aroma a jazmín que siempre rodeaba la casa de Artemises y Atenas. Estábamos allí, detenidos frente a la puerta de hierro forjado que marcaba el límite de mi territorio y el comienzo del refugio de Eira. Ella ya llevaba un mes viviendo allí, pero este regreso se sentía distinto. Ya no era u







