Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj de pared marcaba las cuatro de la mañana, un compás metálico que subrayaba la soledad de mi salón. Tenía el diario de Eira entre las manos, ese pequeño cuaderno de cuero que parecía pesar más que todas las reliquias de mi colección. Al principio, dudé en abrirlo. Sentía que estaba forzando la cerradura de su alma, pero la necesi







