(NARRADO POR KEELEN)
El pueblo de Arachova nos recibió con sus calles empedradas y ese aroma a leña y orégano que parece estar impregnado en cada roca de la montaña. Caminábamos despacio. Eira, fiel a su palabra, se aferraba a mi brazo con una mezcla de elegancia y necesidad física; sus piernas aún le recordaban, con cada paso, las horas de pasión desenfrenada que habíamos compartido en la alfombra y en la cama.
—Si sigo caminando así, la gente va a pensar que he tenido un accidente de esquí f