(NARRADO POR KEELEN)
El reloj de pared en la estancia marcó las cuatro de la tarde con un tañido sordo que pareció burlarse de mis intenciones originales. A las nueve de la mañana, mi plan era simple y noble: duchar a Eira, desayunar de nuevo (esta vez con ropa) y bajar al pueblo para sellar nuestro compromiso. Pero la vida, o mejor dicho, la piel de Eira, tenía otros planes.
La "ducha terapéutica" se había convertido en una sesión de estudio anatómico de tres rondas que terminó de vuelta en l