La Universidad de Atenas amaneció envuelta en una neblina densa, como si el mismo clima presagiara la tormenta emocional que estaba por desatarse. Eira caminaba por los pasillos con la espalda recta, intentando aferrarse a las palabras de Keelen de la noche anterior, pero la seguridad no es un interruptor que se enciende simplemente por perder peso. Diez kilos menos no habían borrado la vulnerabilidad de su piel ni el eco de los insultos que zumbaban en sus oídos.
A cada paso, sentía los ojos d