(NARRADO POR KEELEN)
El sol se ponía tras las columnas de la Acrópolis, bañando nuestro salón con una luz dorada que invitaba a la paz. Eira estaba en el balcón, leyendo uno de los informes de la pasantía, luciendo el vestido rojo que compramos tras la visita al médico. Se veía espectacular; su pérdida de peso, la luz en sus ojos y la nueva confianza en su postura la hacían parecer una diosa recién bajada del Olimpo.
Me sentí impulsado por una oleada de orgullo. Quería gritarle al mundo que es