(NARRADO POR KEELEN)
El olor a antiséptico de la clínica privada en el centro de Atenas siempre me ponía tenso. Me recordaba a los pasillos blancos de Houston, a la incertidumbre de mis propias piernas y al miedo constante de perder lo que más amaba. Sin embargo, hoy el ambiente era distinto. Eira caminaba a mi lado con una ligereza que no le conocía; ya no arrastraba los pies por el cansancio de la glucosa descontrolada, sino que sus pasos tenían un ritmo nuevo, más firme, aunque sus dedos ju