(NARRADO POR EIRA)
El regreso a la Universidad de Atenas para mi último año de arqueología se sentía como caminar por un campo de minas emocional, pero después de la semana de sombras que había pasado, sentía que le debía a Keelen —y sobre todo a mí misma— recuperar mi vida. Había logrado estabilizar mis niveles de glucosa, mi rutina de ejercicios empezaba a dar frutos en mi resistencia y, aunque mis curvas seguían siendo generosas, caminaba con una cabeza mucho más alta.
Sin embargo, el destino