Capítulo 44

Casi era la hora de comer, así que Guillermo le pidió a Mateo que reservara en un restaurante cercano.

Miranda no tenía muchas ganas de ir; cada vez que comía fuera con él, se le quitaba el apetito.

Él no hablaba mientras comía y, aunque parecía hacerlo con calma, en realidad terminaba rapidísimo.

En cuanto acababa, se quedaba sentado frente a ella, observándola y mirando su reloj de vez en cuando. Era como tener al profesor en un examen, parado junto a ti diciendo: “Ya casi, apúrate, entrega e
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