—No, para nada —negó ella al instante, completamente confundida.
Por el amor de Dios, últimamente estaba tan cansada que apenas tenía energía para pensar en el vago recuerdo de Camilo.
Guillermo no pareció muy convencido, pero no dijo nada más.
Cuando Miranda se recuperó de la confusión, supuso que él había sacado el tema de Camilo para evitar hablar de su familia, así que no insistió.
Después de todo, el asunto no era de su incumbencia, y ella no tenía la capacidad ni las ganas de ser la media