Las piezas de pollo empanizado burbujeaban en el aceite caliente. Miranda, volviendo al presente, señaló la vitrina.
—Añádeme una salchicha.
Guillermo, que en algún momento se había acercado, ya estaba a su lado.
La miró, pero no detectó en sus ojos un deseo particularmente fuerte por la comida frita.
Enseguida le entregaron su pedido. Sosteniendo las tiras de pollo, le pasó la salchicha a Guillermo.
—Ten.
Él se quedó inmóvil por un instante.
A ella se le cruzaron los cables y, de repente, le a