Anna
Siento su mano deslizarse suavemente por mi brazo. Un escalofrío recorre mi espalda. El calor de su cuerpo me envuelve, y en este espacio cerrado, el mundo exterior deja de existir. Solo estamos él y yo.
Nuestras labios se encuentran. El tiempo se detiene. El primer contacto es titubeante, casi tímido, como si tuviéramos miedo de romper algo. Pero muy pronto, la dulzura se enciende, y el beso se vuelve voraz, ardiente. Me pierdo en su aliento, en el sabor de su boca, en esta embriaguez que