Anna
Ya no duermo. La noche me ha dejado exangüe, con los ojos abiertos mirando el techo de esta habitación demasiado grande, demasiado fría. Mis manos se deslizan nerviosamente sobre mi vientre plano, pero en mi cabeza, ya está todo ahí. Lo siento. Algo ha cambiado en mí. La prueba escondida en el cajón de la cómoda no hizo más que confirmar lo que mi cuerpo ya sabía.
Clara también lo sabe. No ha necesitado mis lágrimas ni mis silencios. Me ha visto temblar, replegarme sobre mí misma estas últ