Anna
La puerta se cerró, y yo quedé allí, paralizada, con las piernas temblando. Su ira me dejó un sabor amargo en la boca, un vértigo en el estómago. Y, sin embargo, a pesar del miedo, ya lo extraño.
El tiempo se estira. No sé cuántos minutos, cuántas horas pasan. Y luego, de repente, la puerta se abre. Lentamente.
Louis entra. Su mirada me busca al instante. No hay más ira. Solo esa intensidad que me quita el aliento.
No dice nada. Se aproxima, dominándome con toda su presencia. Y luego, para