Anna
La puerta se cerró, y yo quedé allí, paralizada, con las piernas temblando. Su ira me dejó un sabor amargo en la boca, un vértigo en el estómago. Y, sin embargo, a pesar del miedo, ya lo extraño.
El tiempo se estira. No sé cuántos minutos, cuántas horas pasan. Y luego, de repente, la puerta se abre. Lentamente.
Louis entra. Su mirada me busca al instante. No hay más ira. Solo esa intensidad que me quita el aliento.
No dice nada. Se aproxima, dominándome con toda su presencia. Y luego, para mi gran sorpresa, se arrodilla frente a mí. Sus manos recorren mis muslos, suavemente, casi con reverencia.
Louis
— Perdóname…
Mi voz es solo un susurro. La siento temblar bajo mis dedos. No entiende. Yo tampoco. Pero no soporto verla temblar por mi culpa.
— Me… me dejé llevar, Anna. Me vuelves loco. La idea de que estés allí… que otros se acerquen a ti…
Levanto la mirada hacia ella. Sus ojos húmedos me atraviesan.
— No sé amar como se debe, Anna. Solo sé poseer…
Me incorporo de un gesto y la t