Anna
La luz de la mañana se filtra a través de las cortinas entreabiertas, bañando la habitación en un resplandor dorado. Me despierto acurrucada contra Louis, su mano posesiva todavía sobre mi cadera desnuda. Por un instante, me quedo ahí, saboreando este raro momento de calma e intimidad.
Pero la paz no dura.
El teléfono sobre la mesita de noche vibra, rompiendo el silencio. Louis gruñe, pero extiende la mano sin soltarme. Contesta sin mirar la pantalla.
— ¿Sí?
Su voz ronca resuena en la habi