Anna
La noche se alarga, pesada, sofocante. No puedo conciliar el sueño. La villa está en silencio, tan grande que cada crujido de la madera me hace sobresaltar. Espero. Como cada noche. Espero su regreso, incapaz de ignorar ese dolor sordo que devora mis entrañas.
Y entonces, por fin, los faros de un coche perforan la oscuridad. Mi corazón se encoge. Me levanto de un salto, sin aliento. Es él. Lo sé. Estoy segura. Incluso el aire cambia cuando Louis se acerca.
La portezuela se cierra de golpe,