Anna
El trayecto de regreso me parece interminable. El silencio en el coche es opresivo, casi sofocante. Siento la ira, la impaciencia que vibran en el aire. Él lo sabe. Lo ha visto todo.
Cuando el coche se detiene frente a la casa, no me atrevo a moverme. Pero la puerta se abre de golpe y su silueta aparece. Louis. Frío, imponente, aterrador.
— Baja.
Su voz resuena, sin apelación. Mis piernas apenas me sostienen. Lo sigo, la garganta apretada, incapaz de articular la menor palabra. Camina rápi