Anna
El trayecto de regreso me parece interminable. El silencio en el coche es opresivo, casi sofocante. Siento la ira, la impaciencia que vibran en el aire. Él lo sabe. Lo ha visto todo.
Cuando el coche se detiene frente a la casa, no me atrevo a moverme. Pero la puerta se abre de golpe y su silueta aparece. Louis. Frío, imponente, aterrador.
— Baja.
Su voz resuena, sin apelación. Mis piernas apenas me sostienen. Lo sigo, la garganta apretada, incapaz de articular la menor palabra. Camina rápido, sus hombros tensos, su cuerpo atravesado por una rabia que ya ni se molesta en ocultar.
El manor está vacío. Nadie se atreve a merodear por los pasillos cuando Louis está en ese estado.
Sube las escaleras de dos en dos y entiendo. Esta noche, sin espera. Sin dulzura. Esta noche, me tomará como un aviso. Como un recordatorio brutal de lo que soy para él.
Su propiedad.
Cuando abre la puerta de su habitación, esa habitación donde ninguna mujer ha puesto nunca los pies antes que yo, el aire se c