El coche avanzaba sobre el asfalto mojado. Gerhard al volante, atento a la ruta. Yo, sentada en la parte trasera, las manos reposando en mi vientre, seguía el movimiento de los árboles por la ventanilla. Leo iba a mi lado, revisando su teléfono. No hablábamos, pero su mano buscó la mía apenas notó que me removía intranquila en el asiento. La sostuvo, acariciando mis dedos.
Intenté iniciar conversación una vez, pero su respuesta fue escueta. Parecía concentrado resolviendo algo.
—El bebé ha est