El sonido de las olas era lo único constante esa mañana. Vera se había adelantado a la playa con las demás, como le había pedido. Yo me quedé en la cabaña unos minutos más, tomándome el café. Recibí un mensaje de Thomas más temprano: «Tenemos algo».
Marqué su número y apoyé el codo en la baranda del porche. Al segundo tono respondió:
—Señor.
—¿Novedades?—Respondí
—Ya rastreamos parte del origen. Ha sido complicado —explicó metódico—. Como sabe, el análisis nos ha llevado a varios puntos.