—Tú debes ser Vera —se plantó frente a mí, escaneándome de arriba abajo, sin un gramo de pudor. Hablaba bajo, grave, su cortesía no cuadra con esta primera impresión tan invasiva—. Es un placer conocerte. Soy Adrik Von Drachen, el hermano mayor de mi querido Leo.
Levantó la mano, los dedos largos, cuidados al detalle, tendidos frente a mí. Apenas estiré los míos, todavía tratando de entender, la mano de Leo apareció de golpe. Atravesó el espacio y atrapó la de Adrik en un apretón seco.
—Sufici