Caminé empujada por el instinto. Al notar mi presencia, Thomas me dirigió un leve asentimiento y se marchó en silencio. Leo tomó mi mano y la llevó a sus labios, depositando un beso tierno sobre mis dedos.
—¿Te estás divirtiendo? —murmuró.
Lo observé, sin responder de inmediato. Mis ojos recorrieron su rostro, buscando grietas en la máscara de calma.
—¿Qué hablaban? Se veían serios —solté, tanteando el terreno.
Leo apartó un mechón rebelde detrás de mi oreja.
—Nada grave. Un tema del trabaj