Solo entonces me di cuenta de por qué Ares me había besado tan repentinamente, y bajé los ojos antes de levantarlos nuevamente, mordiéndome el labio para no mostrar una gran sonrisa de agradecimiento.
—Maya se puso roja. —Nataly se rió, estirándose. —Volveré a casa, no me fío de dejar al coño allí solo. —Cualquier cosa, llámame. —Dijo y luego hizo un gesto aburrido a Ares antes de irse de nuevo, definitivamente.
Suspiré y miré a Ares. La enfermera ya había dejado una camisola limpia para que pu