Ares no me dijo que estaba bien. Me tranquilizó creer que se olvidó de decirme eso, pero esa hipótesis se fue directamente a la basura cuando, al día siguiente, me llamó y me dijo que no tenía que preocuparme. Sin embargo, cuanto más me lo decía, más me preocupaba.
Con la preocupación asfixiándome y la distancia entre nosotros dos haciéndose mayor, pasaron los días y finalmente llegó la fecha de mi graduación.
Pero como todos los días anteriores, este no comenzó bien. El cielo estaba completame