—¡Maya Stone! —El ceremonialista repitió mi nombre, esta vez en tono de reprensión, y tuve un sobresalto en medio del escenario, que terminó provocando un violento tropiezo cuando corrí hacia el director para recibir mi diploma y más aún, hizo que mucha gente se riera de mí. Pero no me importaba. Ellos podían reírse, podían avergonzarse de mí y, sin embargo, yo sería la más afortunada del día porque era a mí a quien Ares Bailey estaba esperando, no a ellos.
Cuando bajé del escenario, a pesar de