— Tan solo diré esto — Susurró — No dejaré que ocurra de nuevo. Dejaré en claro que solo soy tu dama de compañía, porque me iré pronto. Tengo que cuidar mi imagen, Don Darío. Tengo un hijo, ¿Entiendes?, no quiero que lo señalen para siempre por mis decisiones. Por favor… haz que tu gente lo entienda, que me dejen en paz. No sé cómo lo harás, pero necesito salir de esto sin que nos hagan daño —
Con el corazón latiendo a mil, Korina dio un paso atrás. Se apartó de sus brazos, aunque su alma le gritaba que no lo hiciera. Lo hacía por Lían, por ella misma.
Darío la miró en silencio. Sus palabras lo encendieron de enojo; lo sentía como si cada avance que lograba con ella se derrumbara por la sombra de los comentarios ajenos. Una vez más, lo habían conseguido: Cada paso hacia adelante se convertía en tres hacia atrás.
— No digas tonterías. Te aseguré que te defenderé, así lo hice, y no quiero que sigas prestando atención a ese tipo de comentarios. Ahora vayamos por Lían — Dijo él con firmez