—Ya le he dicho que el señor Brunetti no quiere otorgarle una invitación, señor. Dice que la fiesta que va a celebrar es en honor al cumpleaños de su padre, y que los competidores no son bien recibidos por su progenitor.
—¡Un montón de malditas mentiras! — bramó—.Fui a un cumpleaños de su padre hace dos años y no dijo nada parecido.
—Puedo volver a insistir, si lo desea.
—No, no cederá —respondió, con la mandíbula tensa y la mirada fija hacia la ventana—. Cuando se empeña en negar algo, lo hace