Miró las calles oscuras y mojadas. Nada más triste que ese paisaje podía enviarle un mensaje más claro de fracaso: uno más en ese día, y uno más en su vida.
«¿Podría llegar a ser peor?», pensó.
Su corazón había vuelto a un ritmo tranquilo, pero eso no aliviaba la aflicción que la embargaba. Todavía seguía sin trabajo.
Debería volver a buscar un nuevo empleo, hallarlo de la manera más rápida posible, tomando lo primero que llegara a sus manos. Los días pasarían rápidamente y los víveres se agot