Kelly fue recogida en la esquina de su apartamento, justo a la hora pactada, por un coche negro de lujo. Como no tenía idea de los modelos más allá del suyo, la descripción se limitaba a lo que veía: un automóvil de alta gama, último modelo, negro, con vidrios polarizados que brillaban bajo la luz tenue de la tarde.
Se subió llevando consigo los vestidos, cuidadosamente guardados en sus empaques, y su bolso, donde guardaba lo indispensable que siempre la acompañaba en este tipo de ocasiones: un