Llegó el día en que la familia debería velar a su difunto miembro, el hombre que había mantenido un gran imperio heredado y levantado por su padre —abuelo de Valentino—, y que ahora dejaría en manos de sus hijos, quienes estarían presentes.
Aquella tarde, nebulosa, con algunas pequeñas gotas de lluvia dispersas que caían y otorgaban un ambiente aún más triste a los que se acercaban a la gran casa. Allí estarían toda la noche despiertos, velando a su ser querido hasta que llegara la hora del ser