La furia se podía sentir.
—¡Harás lo que te diga o la vida de tu hijo correrá peligro por tu culpa! ¡Sabes que esto es importante, no me hagas enfadar más! —gritó colérico el hombre que esperaba en la puerta de la habitación.
—No me amenaces, Vittore. Ya te dije que lo...
—¡Haré lo que quiera contigo, maldita sea! —la interrumpió él, dando un paso hacia adelante—. Depende de ti seguir conservando ese bonito rostro... o lo destrozaré para que aprendas la lección.
—¡Dije que lo haré! ¡Lo haré!
—